En estos textos, A es la persona cuyo Mercurio se mira y B, la persona cuyo Mercurio lo recibe.
Relación facilitadora
Hay gusto por hablar, compartir y escuchar. Los dos sienten que usan un idioma común y que pueden explicarse lo que necesitan. Esa disposición al diálogo puede ser muy valiosa en una crisis, porque abre una vía para buscar acuerdos.
Relación obstructora
Hay tendencia a malinterpretar las palabras del otro. Cada uno puede sentir que no le escuchan o que recibe comentarios desagradables. Una conversación trivial puede volverse una discusión mayor sin que ninguno sepa con claridad en qué momento cambió de rumbo.
La dificultad puede sentirse con más fuerza si no hay otros aspectos facilitadores de Mercurio. En estos casos recomiendo comprobar la interpretación: preguntar si lo que entendimos coincide con lo que nuestra pareja quiso decir. Si los dos conocen esta dinámica, uno puede hacer una pausa, respirar y pedir una aclaración antes de seguir.
A mí me ha servido poner un poco de humor para aliviar la tensión, e incluso acordar con mi pareja un apodo para ese «personaje» que aparece en esos momentos. El recurso nos permite tomar algo de distancia y mirar la situación como quien ve una película.
La pausa ayuda a observar la reacción antes de dejarse llevar por ella. A eso me refiero cuando hablo de relaciones conscientes: darse cuenta de lo que está ocurriendo y abrir la posibilidad de responder de otra manera.
Aspectos de Mercurio
Mercurio representa la comunicación: el tono de voz, los gestos y la manera de enlazar las ideas. Sus aspectos se interpretan como una facilidad o una dificultad para que lo que expresa una persona encuentre recepción en la otra.
Con quien amas, conversar puede ser un placer y un recurso para atravesar los conflictos. Cuando el diálogo fluye, es más fácil aclarar lo que cada uno imagina y buscar acuerdos.
Cuando se llena de malentendidos, pueden acumularse resentimiento y prevención. Algunas parejas lo muestran en discusiones frecuentes; otras, con distancia y frialdad.
Las imágenes que cada uno forma del otro pueden activarse ante cualquier malestar nuevo. Frases como «tú siempre me gritas», «tú nunca me escuchas» o «ya vas a empezar con la cantaleta» muestran cómo una conversación de hoy puede quedar atravesada por muchas anteriores.
Tomar conciencia de nuestras interpretaciones ayuda a distinguir lo que ocurrió de la historia que construimos alrededor. Esa revisión no significa suponer que todo malestar es imaginario: también hay palabras, tonos y conductas que necesitan cambiar.
El inventario 1 tiene un lugar importante. En cada cultura y cada familia aprendemos formas distintas de expresarnos. En algunos entornos se habla más fuerte, se gesticula mucho o se usan palabras que, en otro contexto, pueden resultar ofensivas. Por eso, junto a lo que el sistema atribuye a Mercurio, hay que observar lo aprendido.
Algunos gestos también evocan experiencias dolorosas de la infancia. Cuando eso ocurre, podemos responder tanto a la situación actual como al dolor que nos recuerda. Esa historia personal también interviene en el desencuentro.
Un tono de voz no siempre tiene la intención que le atribuimos. Si una frase de tu pareja te deja una duda, puedes preguntarle por qué habló así o qué quiso decir. La respuesta puede mostrar una intención distinta de la que imaginabas. Te da información que no tienes mientras solo supones.
Además, en una misma sinastría Mercurio puede tener un aspecto facilitador con un planeta y otro obstructor con uno diferente. Vale la pena localizar ambos: ¿dónde resulta fácil entenderse y en qué conversaciones aparecen las reacciones automáticas que dificultan el encuentro?