Compatibilidad

¿Somos compatibles? Cinco señales de afinidad en la carta natal

Las cinco señales de una primera afinidad: los elementos, el Sol en el ascendente o el descendente del otro, Venus con Venus y el Sol con la Luna.

Compatibilidad astrológica

Cuando hablo de compatibilidad me refiero al encuentro emocional entre tu forma de expresar el afecto y el deseo y la de tu pareja: el gusto, la tranquilidad, el entusiasmo o el malestar que aparece al compartir. Hay compañías que nos animan a quedarnos un poco más; otras despiertan incomodidad o hacen difícil el acercamiento.

La afinidad puede despertar el deseo de hacer cosas juntos y abrir un lugar para el amor. Lo que la pareja llegue a concretar pide una mirada más amplia, la de las relaciones planetarias y las casas. En esa lectura, la experiencia de cada persona ayuda a distinguir la atracción que siente de los compromisos que desea asumir.

La sinastría compara las cartas natales de las dos personas. Para explorar ese primer acercamiento uso cinco criterios. Al seguirlos, observa de quién es cada posición que se compara.

La afinidad entre los elementos

La astrología tradicional habla de cuatro elementos: fuego, tierra, aire y agua. En el sistema que utilizo reciben estos nombres:

Denominación en este sistema: Hidrógeno; Denominación tradicional: Fuego; Signos: Aries, Leo y Sagitario.

Denominación en este sistema: Silicatos; Denominación tradicional: Tierra; Signos: Tauro, Virgo y Capricornio.

Denominación en este sistema: Oxígeno; Denominación tradicional: Aire; Signos: Géminis, Libra y Acuario.

Denominación en este sistema: Agua; Denominación tradicional: Agua; Signos: Cáncer, Escorpión y Piscis.

Con estos nombres el sistema describe tendencias de comportamiento y maneras de expresar la actividad. Para ubicar tu signo solar y los demás puntos de tu carta, usa tus datos de nacimiento y la carta correspondiente. Comparar a la pareja requiere conocer ambas cartas.

En esta lectura, los signos de agua —Cáncer, Escorpión y Piscis— tienen afinidad con los de silicatos —Tauro, Virgo y Capricornio—. Ambos grupos se describen como más receptivos o pausados, por eso pueden reconocer un ritmo semejante en la otra persona.

Los signos de hidrógeno —Aries, Leo y Sagitario— y los de oxígeno —Géminis, Libra y Acuario— también se consideran afines. Su naturaleza se describe como más expansiva y orientada a la acción, física o mental.

La semejanza entre grupos es una primera aproximación. Los otros puntos de ambas cartas, junto con las experiencias del inventario 1, completan la lectura.

El signo natal de una persona y el ascendente de la otra

Otra afinidad que observo aparece cuando el signo natal de una persona coincide con el ascendente de su pareja. Por ejemplo, alguien con el Sol en Cáncer puede relacionarse con una persona de ascendente Cáncer; o alguien con ascendente en Escorpión puede encontrarse con otra persona cuyo signo natal sea Escorpión.

Aquí, el signo natal es el signo solar. Para identificar el ascendente hacen falta los datos de la carta, incluida la hora de nacimiento. A lo largo de un mismo día puede haber distintos ascendentes, así que compartir fecha de nacimiento no basta para concluir que dos personas tienen el mismo.

En este enfoque, el ascendente describe otra faceta de nuestra manera de mostrarnos, ligada a rasgos de personalidad y físicos. A veces he observado que esa faceta se vuelve más visible con los años y que una persona se reconoce en su ascendente tanto o más que en su signo natal.

Por mi experiencia de estudio y consulta, también lo interpreto como una defensa que construimos para enfrentar el mundo. Por eso, frente a alguien cuyo ascendente coincide con nuestro signo natal, podemos sentir que tenemos delante una parte de nosotros mismos.

Esa parte puede despertar admiración o incomodar. En consulta, algunas personas me dicen que el signo de su ascendente es justo aquel con el que más dificultades encuentran. En mi lectura, esa reacción invita a explorar lo que reconocen o rechazan de sí mismas en el encuentro con los demás.

La relación puede vivirse como un «ni contigo ni sin ti». Cuando se encuentran, ambas personas sienten atracción y pueden conversar como si el tiempo no pasara. En la distancia, en cambio, quizá no piensen demasiado en la otra. El interés vuelve cuando comparten el mismo espacio.

Si no conoces tu ascendente o el de tu pareja, en los anexos encontrarás recursos para obtener las cartas. Con ese dato podrás seguir las descripciones con más claridad.

El signo natal de una persona y el descendente de la otra

Cuando el signo natal de una persona coincide con el descendente de la otra, esta última puede reconocer en ella rasgos de la pareja que desea. El descendente se vincula con la casa 7, y entre los asuntos que representa está la pareja de matrimonio o de compromiso. Ese compromiso puede tomar la forma que ambas personas acuerden.

Para distinguir las dos posiciones, imagina que A tiene el Sol en el signo que aparece en el descendente de B. En esta interpretación, B puede ver en A una figura especialmente atractiva para formar pareja.

Esa atracción no tiene por qué sentirse con la misma intensidad en ambas direcciones. Para comprender lo que vive A, también hay que observar los contactos que recibe su propia carta. Las expectativas de una persona pueden diferir de las de la otra, aunque compartan un vínculo que una de ellas vive con gran intensidad.

Por eso hace falta mirar también la experiencia de A. Una atracción intensa en B deja abierta la pregunta por lo que siente la otra persona.

Los aspectos armónicos entre Venus y Venus

En este sistema, Venus se relaciona con la forma de expresar y recibir afecto. Su posición en cada signo describe maneras distintas de acercarse, demostrar cariño y reconocer las expresiones de la otra persona.

Un aspecto armónico entre el Venus de ambas cartas se asocia con afinidad en ese intercambio y con lo que solemos llamar «química». Podemos sentir que el afecto circula de una manera agradable o familiar.

Para esta comparación uso los contactos por conjunción, sextil o trígono: ángulos de 0°, 60° o 120°, respectivamente, con un orbe máximo de 4° respecto del aspecto exacto. El orbe es el margen que se admite alrededor de ese ángulo para considerar el contacto.

Las expresiones de Venus en los signos y sus contactos tienen sus propios textos. Al leerlos, observa cómo das y recibes cariño, y cómo vive tu pareja ese intercambio.

El Sol de una persona y la Luna de la otra en el mismo signo

Otra forma de atracción que considero es la coincidencia entre el signo del Sol de una persona y el signo de la Luna de su pareja.

En el lenguaje de este sistema, el Sol se relaciona con la manera de delimitar y defender el territorio; la Luna, con la imaginación y las fantasías que recorren nuestra mente. Para explicarlo se usa la imagen del yang y el yin: el principio activo, tradicionalmente asociado a lo masculino, y el receptivo, asociado a lo femenino.

Aquí estos nombres son una analogía de fuerzas complementarias, sin asignar a nadie un papel fijo según su género. Desde esa mirada, compartir el signo del Sol y de la Luna puede sentirse como el encuentro de dos expresiones distintas que se reconocen y se atraen. Es una de esas afinidades que dan a la relación una sensación de magia.

Reconocer una afinidad sin darla por hecha

¿Qué momentos compartidos te hacen sentir esa cercanía? ¿Sabes si tu pareja los vive igual? Nombrarlos ayuda a reconocer lo que ambos desean cuidar y evita suponer que la otra persona disfruta exactamente de lo mismo.

Las combinaciones de signos solares tienen su propia guía. Puedes leer la de tu pareja desde esa pregunta por el encuentro: qué disfrutan, qué les cuesta y cómo se expresa cada tendencia en la relación que viven.

Preguntas frecuentes

¿Cómo saber si somos compatibles por la carta natal?

Cuando hablo de compatibilidad me refiero al encuentro emocional entre tu forma de expresar el afecto y el deseo y la de tu pareja: el gusto, la tranquilidad, el entusiasmo o el malestar que aparece al compartir.

¿Una afinidad astrológica garantiza la relación?

¿Qué momentos compartidos te hacen sentir esa cercanía? ¿Sabes si tu pareja los vive igual? Nombrarlos ayuda a reconocer lo que ambos desean cuidar y evita suponer que la otra persona disfruta exactamente de lo mismo. Las combinaciones de signos solares tienen su propia guía.