Conocerse

Conocer a tu pareja tal como es, no como la imaginas

Por qué confundimos a la persona real con la pareja que imaginamos, y cómo la astrología puede ayudarte a conocerla sin encasillarla.

Imagina un fin de semana: tú quieres salir temprano y tu pareja espera descansar en casa. La diferencia cabe en dos planes. Aun así, puede volverse una pregunta sobre el amor: si me quisiera, ¿no tendría ganas de acompañarme?

Quien desea salir siente que queda en segundo plano. Quien necesita descansar siente que siempre le piden algo más. Llegan los reproches: «No te gusta salir», «Todo el tiempo estás corriendo», «Eres aburrido». Poco a poco, una diferencia de ritmo se vuelve un juicio sobre la persona que tenemos al lado.

Me interesa detenerme en ese momento: cuando dejamos de preguntar qué le pasa a quien amamos porque creemos saber ya qué significa su conducta. Ahí empiezan muchos de los desencuentros que recorre esta lectura.

También quiero detenerme en lo que nos acerca: el gusto de encontrarnos, las ganas de alargar una conversación, la intimidad y la alegría de compartir algo que disfrutamos. Reconocer esas experiencias ayuda a darles un lugar en la relación, incluso cuando aparecen dificultades.

Esta lectura trata del amor de pareja: la persona que eres cuando amas, la persona con la que te encuentras y el vínculo que crean entre ustedes. La astrología acompaña esa exploración. Aquí la pondremos en relación con tu historia, tus expectativas y las decisiones que dan forma a tu vida amorosa.

La persona real y la pareja que imaginamos

A veces nos enamoramos de una característica que después queremos corregir. Nos atrae la facilidad de alguien para conversar y más adelante nos incomoda que hable con todo el mundo. Admiramos su independencia y luego queremos que esté siempre disponible. La persona conserva algo de lo que nos gustó; lo que cambió es el lugar que le damos en nuestra vida.

En las películas románticas, dos personas superan las dificultades y siguen juntas «hasta que la muerte las separe». Las crisis se resuelven entre cenas, bizcochos, canciones de amor y noches de luna llena. El final feliz llega justo cuando empieza lo que esas historias casi nunca muestran: la vida cotidiana.

Al vivirla, podemos sentir que la «pareja perfecta» se desdibujó. Hasta nos preguntamos si dentro de la otra persona —o de nosotros mismos— vive un alienígena. ¿Qué nos une? ¿Qué nos separa? ¿Por qué volvemos a encontrarnos con una dificultad conocida? ¿Qué esperamos que el amor resuelva por sí solo?

En consulta he visto cuánto pesa la imagen que cada quien tiene de una relación. A veces pedimos a la otra persona que se ajuste a esa imagen sin detenernos a conocerla. Otras veces buscamos en la pareja algo que sentimos que nos faltó y esperamos que su presencia repare una herida que viene de lejos.

Ese deseo puede llevarnos a empezar una nueva relación, a insistir en una que nos hace sufrir o a pensar que es mejor quedarnos a solas. La pregunta por la pareja termina siendo también una pregunta por nuestra propia historia.

Propongo mirar esa historia junto con la carta astral. El sistema astrológico con el que trabajo describe los signos, las posiciones planetarias y sus encuentros entre dos personas. Lo aprendido en la familia, las experiencias de la infancia y las expectativas afectivas aportan otra parte de la explicación.

Llamo «inventario 1» a esa historia y a los aprendizajes que la acompañan, e «inventario 2» a las características que el sistema interpreta a partir de la carta astral.

He conocido parejas cuyas cartas parecían ofrecer grandes posibilidades y que, aun así, no las desarrollaban. Lo que hacemos con una afinidad, cómo tratamos una diferencia y qué acuerdos sostenemos también forman parte de la vida que compartimos.

Mi intención es que reconozcas lo que tú y tu pareja aportan al vínculo y lo distingas de lo que esperabas encontrar. Al conocerse mejor, tendrán más elementos para conversar sobre el amor que desean vivir y sobre lo que cada quien está dispuesto a construir.

La forma de amar que eligen

En el modelo tradicional de pareja, muchos compromisos se daban por hechos. El noviazgo parecía llevar a la convivencia o al matrimonio. Se suponía que ambos entendían igual la fidelidad y la promesa de seguir juntos.

En muchos entornos la monogamia se daba por sentada, aun cuando había infidelidades. En Colombia, mi país, se hablaba de «tener un desliz»: la expresión nombraba lo ocurrido sin cuestionar abiertamente el modelo. La promesa de una unión para toda la vida podía sentirse como una sentencia: una o ambas personas cedían en lo que hiciera falta para conservarla.

En la vida afectiva hay también relaciones abiertas, vínculos múltiples, «amigovios», «amigos con privilegios» y parejas que mantienen hogares separados. Cada una de estas formas puede tener sentidos distintos para quienes participan en ella. El nombre elegido deja preguntas pendientes: qué comparten, qué esperan, qué límites reconocen y qué compromisos desean asumir.

Puedes encontrar tu forma de amar en una pareja tradicional o en otros acuerdos. Aquí hablamos de los vínculos amorosos sin dar por hecho el género de tu pareja, la exclusividad, la convivencia, el matrimonio ni el deseo de tener hijos. Cada uno de esos asuntos necesita su propia conversación.

Ser fiel a un acuerdo exige que las personas implicadas lo conozcan y lo acepten. Una relación abierta acordada y el incumplimiento de un compromiso son situaciones distintas.

Cuando comparamos cartas, observamos el encuentro entre dos personas a la vez. Si tu vida amorosa incluye otros vínculos, esa lectura tendrá que situarse dentro de los acuerdos que los relacionan. Las cartas de dos personas dejan abiertas las preguntas sobre cómo se organiza el conjunto.

Escucho inquietudes como «No sé qué represento para él o para ella», «Me presenta como una amistad y yo siento que somos algo más» o «No quiero presionarle». Detrás suele haber una conversación aplazada. La persona espera que el vínculo tome la dirección que desea, pero quizá su pareja ni siquiera sabe qué está esperando.

En consulta recomiendo preguntar con claridad: qué siente la otra persona, cómo entiende la relación y qué compromiso quiere asumir. Escuchar la respuesta puede doler. También permite saber si hay un proyecto compartido o si seguimos ahí por la esperanza de un cambio que nadie acordó.

Cuando los deseos son distintos y no hay disposición para acercarlos, separarse puede ser una decisión necesaria. Cuando sí hay un compromiso y la relación se deteriora, toca revisar nuestra participación: cómo hablamos, cómo escuchamos y qué hacemos con lo que nos molesta. El trabajo que le corresponde a la otra persona sigue en sus manos.

He visto que prestar atención a nuestra propia participación abre un proceso de autodescubrimiento. Reconocemos deseos, recursos y límites que antes no veíamos. Desde ahí podemos decidir con más claridad si queremos seguir en la relación y de qué manera, o si llegó el momento de alejarnos.

A eso me refiero con una relación consciente. El respeto, la confianza, la autonomía y el apoyo mutuo necesitan expresarse en la forma de estar juntos que ustedes elijan. Una relación viva pide atención mientras las personas que la forman también cambian.

Mi punto de partida

Trabajo con el sistema desarrollado por el astrólogo peruano Germán Rosas, como expliqué en mi primer libro, Astro pedagogía: hijos de un nuevo milenio. Las interpretaciones de El amor toma forma parten de ese enfoque y de la manera en que lo he incorporado a mi práctica. Aquí lo aplico al encuentro amoroso y a las preguntas que surgen al construir una relación de pareja.

Comparto las enseñanzas que recibí directamente de Germán Rosas durante más de veinte años, y mi propia investigación y experiencia de más de treinta años en la consulta personal y familiar y en la enseñanza. También forman parte de este recorrido mis procesos personales de terapia Gestalt, lo que viví en la Oneness University, en la India, mi formación como trainer en esa institución y mi formación como coach ontológico.

Habrá descripciones que te resulten familiares y otras en las que no reconozcas a tu pareja. Cuando pase, vuelve a la persona que tienes delante y a lo que viven juntos. Una descripción tiene sentido cuando ayuda a mirar con más atención; deja de servir cuando se vuelve una exigencia para que alguien encaje en ella.

Te invito a conocer lo que los acerca, a dar un lugar a sus diferencias y a participar en el amor que desean vivir. Cada tema aporta una mirada a ese encuentro. Su sentido aparece al reunirlas y volver a la relación concreta que tú y tu pareja están construyendo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué idealizamos a la pareja?

A veces nos enamoramos de una característica que después queremos corregir. Nos atrae la facilidad de alguien para conversar y más adelante nos incomoda que hable con todo el mundo. Admiramos su independencia y luego queremos que esté siempre disponible.

¿Sirve la astrología para cualquier forma de relación?

En el modelo tradicional de pareja, muchos compromisos se daban por hechos. El noviazgo parecía llevar a la convivencia o al matrimonio. Se suponía que ambos entendían igual la fidelidad y la promesa de seguir juntos.