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La herida infantil y los patrones que repetimos en pareja

Cómo las heridas de la infancia se repiten en la forma de amar, de elegir pareja y de reaccionar ante el conflicto.

La herida infantil y los patrones de relación

Uso la imagen del «niño herido» para hablar de experiencias de la infancia que siguen presentes en nuestra manera de relacionarnos. Cuando esas heridas se encuentran en la pareja, pueden tomar el protagonismo y alejarnos de lo que conscientemente deseamos como adultos.

Relaciono esta reflexión con el concepto de «sombra» que trabajó Jung: aspectos de nosotros mismos que no reconocemos con facilidad y que pueden hacerse visibles en nuestras actitudes. A veces nos cuesta admitirlos y responsabilizamos a la otra persona de lo que sentimos o de cómo reaccionamos.

Estas experiencias pertenecen al inventario 1. Al estudiar las cartas también observo contactos que asocio con la expresión de esas zonas difíciles o de recursos más luminosos; entre ellos están los de Plutón, que tienen su propio texto.

La herida infantil ha sido estudiada por la psicología y la psiquiatría. Aquí me interesa la pregunta que abre en la relación de pareja: ¿estamos intentando resolver en el vínculo actual algo que quedó pendiente con el padre o la madre?

Por ejemplo, quien creció con un padre o una madre con problemas de alcohol puede llegar a involucrarse con una pareja que atraviesa una dificultad parecida y asumir la tarea de salvarla. En esa situación, el deseo de ayudar a la pareja puede mezclarse con una antigua necesidad de rescatar a uno de los padres.

También podemos reconocer ecos de experiencias de abandono, indiferencia, engaño o maltrato. No son destinos que deban cumplirse, sino patrones que conviene examinar cuando sentimos que revivimos un dolor conocido. La responsabilidad por una conducta abusiva es de quien la ejerce; comprender nuestra historia es una forma de recuperar claridad sobre lo que necesitamos y sobre nuestras decisiones.

Algunas relaciones son muy difíciles de terminar aun cuando reconocemos el daño que producen. Podemos intentar alejarnos y volver una y otra vez, en una dinámica que suele describirse como codependencia. La fuerza del vínculo no equivale necesariamente al bienestar que encontramos en él.

Ciertas historias, canciones y telenovelas refuerzan la idea de quedarse a cualquier precio. A veces también nos sostienen razones como «es un buen proveedor», «es un buen padre o una buena madre», «tengo miedo de quedarme a solas» o «así es el matrimonio». Podemos terminar dando vueltas alrededor del mismo sufrimiento, como un hámster en su rueda, sin encontrar una salida satisfactoria.

Como he dicho en mis conferencias y seminarios, lo que llamamos amor puede ser lo último en desaparecer. El deterioro suele empezar con asuntos cotidianos que parecen menores y se acumulan hasta cubrir la relación como una nube. Los momentos que antes nos unían pierden espacio y, si no atendemos lo que ocurre, el dolor y el vacío pueden ocupar su lugar.

Al revisar tu historia, mira también esos momentos de encuentro: qué disfrutabas, qué te hacía sentir cerca y qué lugar tiene hoy en la relación.

Preguntas frecuentes

¿Cómo influye la herida infantil en la pareja?

Uso la imagen del «niño herido» para hablar de experiencias de la infancia que siguen presentes en nuestra manera de relacionarnos. Cuando esas heridas se encuentran en la pareja, pueden tomar el protagonismo y alejarnos de lo que conscientemente deseamos como adultos.