Aries y Sagitario comparten una naturaleza de hidrógeno: expansión, actividad y gusto por la aventura, las relaciones sociales y la vida fuera de casa. Esa afinidad puede producir mucho entusiasmo, y también intensificar los choques cuando ninguno modera su impulso.
La imagen del caballo que representa a Sagitario señala su brío y su necesidad de una dirección clara. Si Aries toma la iniciativa y ambos aceptan esa organización, pueden avanzar con energía. La dificultad aparece cuando la iniciativa se vuelve imposición o cuando el temperamento de Aries agota la paciencia de Sagitario.
Una discusión impulsiva puede dejar heridas más duraderas que el enojo que la causó. Detenerse antes de hablar de forma hiriente ayuda a que un desacuerdo no se convierta en una competencia por dirigir.