En estos textos, A es la persona cuyo Luna se mira y B, la persona cuyo Mercurio lo recibe.
Mercurio interviene en las palabras, el tono de voz y los gestos. Por eso la forma de comunicarse puede producir agrado o malestar, aunque la intención de la persona sea distinta del efecto que causa.
Relación facilitadora
Las palabras de B estimulan la imaginación y la fantasía de A. A siente atracción por esa manera de expresarse, y B disfruta de que le escuchen. El tiempo que comparten puede pasar con una sensación de armonía.
Relación obstructora
A puede interpretar las palabras de B de manera distinta a la intención con que se dijeron. B, a su vez, puede leer el silencio o la mirada de A como desaprobación. Buena parte del malestar se queda en los pensamientos de cada uno.
A los malentendidos pueden sumarse diferencias sobre cómo organizar el tiempo que comparten.
Aspectos de la Luna
La Luna representa la imaginación y la ensoñación. La persona cuya Luna participa en un aspecto puede pasar mucho tiempo pensando en su pareja y en lo que sucede entre ambos, sin que la otra llegue a conocer ese mundo interior.
Son impresiones que a menudo no se dicen con palabras. Aun así, influyen en cómo vemos al otro y en lo que imaginamos que la relación podría llegar a ser. En el sistema, la Luna también se vincula con la manera de manejar el tiempo.
Al estudiar estos aspectos conviene distinguir los inventarios 1 y 2. Algunas reacciones vienen de modelos familiares y culturales aprendidos. Otras se interpretan aquí desde la configuración astrológica. Confundir los dos planos puede llevarnos a atribuir a una sola causa una experiencia más compleja.