Como signos de silicatos, Tauro y Capricornio pueden orientar la relación hacia la productividad y el beneficio mutuo. Necesitan reconocer un porqué y un para qué en lo que emprenden juntos.
Si deciden comprometerse, suele ser después de considerar si sus objetivos son compatibles. Esa reflexión puede dar continuidad, pero también hacer que permanezcan por la solidez del acuerdo aunque el entusiasmo haya bajado.
Dar espacio a la pasión y al gozo evita que la relación quede limitada al cumplimiento de sus metas. En esta descripción, Capricornio da importancia a la sexualidad, aunque no lo muestre abiertamente. Tauro necesita conocer esa necesidad a través del diálogo y la experiencia compartida, sin confundir reserva con falta de deseo.